¿EL CORTE INGLÉS DE VANGUARDÍA?

Publicado: 14 febrero, 2011 en Sin categoría

El otro día fui a El Corte Inglés de la Plaza del Duque, en Sevilla, un día más de otros tantos. Mi novia quería comprarse alguna prenda de vestir con un cheque regalo que le había regalado mi madre. En mi familia somos muy de El Corte Inglés. De hecho, es una tradición que viene desde mis abuelos. Y yo, como fiel depositario de tal legado, algunas veces me dedico a pasear por El Corte Inglés con cualquier pretexto, sólo por la simple curiosidad de pensar qué mejoraría y qué dejaría igual.

Desde el parking subimos hasta la cuarta planta, que es donde se encuentra la Moda Joven. Primeramente fui con mi novia hasta que me aburrí viendo ropa femenina, y entonces me dirigí hacia la parte de chico. Cuando iba andando me topé de frente con un cartel que decía: “48 HORAS”.

Durante dos días (viernes y sábado), los pantalones estarían a 14,95 € y las camisas 2 por 20 €. Después de 45 minutos separados, mi novia volvía con las manos vacías y yo me había comprado unos pantalones y dos camisas.

Lo que hicimos fue volver a la sección de chica para ver si de nuevo encontraba algo de su agrado. Finalmente desistió de su segundo intento y volvimos a casa. Aunque yo me mostraba satisfecho, tras aquella situación estuve pensando qué cosas hubiera cambiado para que mi novia hubiera podido gastar su cheque regalo.

Posiblemente, en el tiempo que se tarda en entrar a El Corte Inglés y subir hasta la cuarta planta, una chica es capaz de entrar en dos establecimientos de la calle Tetuán. Por ejemplo, haciendo la décima parte del recorrido que se cubre en subir a la planta de Moda Joven le daría tiempo a entrar en el Bershka y en el H&M. La ropa de chica se encuentra justo en la planta baja.

Por otro lado, la rotación de la vestimenta es mucho mayor en cualquier establecimiento de la cadena Inditex, Mango o H&M que en El Corte Inglés, que funciona por temporadas. Subes cuatro plantas para encontrarte lo mismo durante varias semanas o incluso meses, cuando en la competencia están cambiando constantemente las prendas. Además, es un hecho fehaciente, que una alta rotación de los productos está dando resultado y evita muchos costes de almacén.

Cuando subes cuatro plantas te haces a la idea de que una señora que, como mínimo, te dobla la edad, se va a hacer cargo de tu vestimenta. Y al final llegas a la conclusión de que la innovación no es una herramienta que se mejora con el paso de los años.

Cuando ya por fin estás arriba, las chicas comienzan a buscar la ropa de los anuncios, y se topan con prendas que no ofrecen nada nuevo y que intentar ser la copia perfecta de lo que ofrecen los gigantes de la competencia.

El Corte Inglés, posiblemente sea la empresa española que más debilidades, y a la vez más fortalezas presentaría en un análisis DAFO. Por un lado, este grande de la moda tiene un bagaje que muchos querrían alcanzar. Posee más información que el resto, no sólo por los años que lleva implantada sino porque ha sido la pionera en prácticas de fidelización de clientes y, además, no tiene competencia en los servicios de posventa.

Sin embargo, se me antoja, no sólo por lo que se respira cuando visito mi tienda preferida, sino por lo que hablan mis contemporáneos, que El Corte Inglés no ha sabido llegar a los jóvenes de este país. De hecho, no me pareció muy convincente la charla que se dio sobre fidelización de clientes con la Tarjeta Doble Cero en el Hoy es Marketing 2010 de Esic en Sevilla, ya que el plato fuerte quedó para los chicos de Tuenti.

Ya sabemos que el futuro de cualquier negocio pasa por la red, ese es el medio de encuentro de todos los jóvenes españoles. Estos muchachos pertenecen a una generación muy dinámica, con unos planteamientos y unas formas de vida totalmente distintas de la percepción tradicional de quienes todavía permanecen escépticos ante tanto cambio. La cosa es que tenemos que ser uno de ellos, uno más de la pandilla. ¿Qué puedo ofrecerle a una joven universitaria que no quiere ser como el resto de sus amigas? Ya no nos sirve encontrar la manera de atraerles hacia nosotros sino que tenemos que conseguir la manera de formar parte de sus vidas. No se trata de crear productos que les atraigan sino en comprender qué es lo que realmente quieren para sus vidas y después ofrecérselo.

Francis Campos

Brenes (Sevilla), 14 de febrero de 2011

Tras compartir mi experiencia con un innumerable número de amigos, colegas y compañeros de trabajo he llegado a la firme conclusión de la inutilidad que representa ser becario en España.

Perfiles prometedores, excelentes alumnos con mejores expedientes, alto nivel en varios idiomas, gran flexibilidad laboral, movilidad geográfica “a donde sea”, masters y otros posgrados, cursos de experto en multitud de materias, intereses académicos variados, y ganas de aprender, progresar y de lanzarse a cumplir cada uno de sus sueños.

¿Experiencia? Cero a priori y menos al finalizar las prácticas.

Los estudiantes españoles son los reyes de la grapadora y el archivador. Tras una vida académica repleta de transparencias, pdf’s, apuntes variados y libros por doquier (las prácticas brillan por su ausencia en muchos casos) estos chicos y chicas se topan de pronto con un mercado laboral injusto para muchos trabajadores e indisponible para ellos.

Grandes multinacionales ofrecen un futuro prometedor, plagado de éxitos, y se muestran como la solución a todos los problemas como la opción que suple a la vida universitaria. Más allá de toda esta batalla ganada antes de empezarse, los pupilos recién titulados se encuentran (los que encuentran una oportunidad y que cada vez son menos) con la competencia de superhéroes con formación profesional, en muchos casos, de grado medio.

Informáticos que se aburren en empresas que ni hacen uso de su Web o que a veces ni la tienen. Ingenieros industriales que optan por abandonar las empresas de sus sueños porque son tratados como meros administrativos. Economistas que fotocopian facturas y archivan extractos de bancos. Abogados que hacen las veces de secretario y expertos en Recursos Humanos que alcanzan una habilidad especial para introducir en el sistema partes de trabajo, y crear nóminas.

Mientras tanto, los jóvenes procedentes de economías emergentes gozan de una preparación que nos deja a años luz de atraso. Entre todo esto, los franceses y los alemanes sobresalen y nos brindan un primer trabajo. Y los nórdicos para qué hablar de ellos con un sistema que protege hasta a las hormigas.

Señores, los estudiantes españoles se marchan al extranjero. Y no se trata de una moda exótica. Es una realidad palpable que surge de la necesidad de encontrar el hueco que les fue prometido en su niñez. Nadie les avisó que en este país: a menos formación más salario y mayor responsabilidad. Bienvenidos a la década de los sesenta. Los españoles vuelven a emigrar. Mucha suerte para todos queridos compañeros.

Francis Campos

Brenes, Sevilla, a 27 de enero de 2010